Rosa Serdio
Rosa Serdio – Escritora

Decir de Nadia es decir de Luisa. Y admirar el diálogo establecido con Ricard. Dos universos que se unen en los ojos de Nadia. Perfección.

Un nuevo libro es la esperanza depositada en el aire. Nada sabemos nunca de quién lo tomará en las manos, de a quién le llegará ni en qué momento de su día o vida. Un nuevo libro es dejar abierta la jaula a un pájaro que hemos mantenido cautivo por un tiempo y ésa es la mayor belleza que puede aportarnos: su vuelo.

Si alguien ha tenido el ánimo de soltar y ver alejarse una creación propia sin esperar más que esa BELLEZA de gozar de la LIBERTAD que va a ir alcanzando, ese alguien ya ha cumplido la misión del creador.

Siempre hay la posibilidad de que algún día escuchemos de nuevo la canción del pájaro liberado y, entonces y solo entonces, sabremos que valió la pena cada cuidado previo que dispensamos a esa criatura indefensa que se encontrará luego con los avatares y la posible fortuna en su vuelo.

Después de tantos años creando para el teatro, proponiendo lo pequeño e inmaterial a la imaginación de los amantes de lo misterioso, de lo mínimo, de lo onírico, la autora nos entrega un nuevo libro y, de paso, se  entrega, a las múltiples miradas de todos y cada uno de los lectores que encuentren a Nadia en su camino lector.

Nadia sugiere, desde su mirada verde y esperanzada que todo lo ve, el deseo de que también se la vea y se la entienda. Verde, ese color que la viste y la llena de esperanza en su día a día.

Los mayores ven de forma positiva todo lo que a ellos, como adultos, no les incomoda, lo que no hace ruido, lo que no les interroga, lo que pueden exhibir y mostrar casi como si fuera su obra maestra.

¡Tantas veces los pequeños son reducidos a etiquetas que los adultos ni idea tienen de lo que éstos pueden pesar!

Nadia siente. Como todos los pequeños siente por todos sus poros. Y este libro, metafóricamente, va deshojando, ante nuestra mirada sorprendida, la margarita blanca de la paz del alma.

En el paso de sus páginas, que son un auténtico espejo para el lector sea adulto o menor, cada juego metafórico, rítmico y poético, se conjuga con el minucioso trabajo de ilustración para llevarnos a esos lugares personales por los que TODOS sin excepción hemos transitado: aparece la soledad sentida en las situaciones habituales de la vida por las que, todos SIN EXCEPCIÓN, hemos transitado alguna vez.

Éste es un libro de MIRADAS: las que NO se ofrecen a las niñas y niños silenciosos y que son un juego de ida y vuelta porque estos niños callados como Nadia lo VEN TODO y acumulan una biblioteca de detalles que los adultos pasan por alto porque, según ellos, no tienen importancia.

Y créanme, si quieren SABER  la VERDAD han de preguntar a un niño silencioso, a una niña reservada, a un observador retraído con radar.

Pero la VERDAD verdadera HAY que recibirla con todo su tamaño y todas sus aristas y no ir disimulándola con risitas y caricias de compromiso, cosa que los mayores son expertos en hacer.

Los niños son ruidosos, van a lo suyo que es PROBAR y EXPERIMENTAR el mundo. Y no pueden hacerlo solos desde un rincón.

Hay que darles VOZ, ser ecuánimes y justos al escucharlos. Y hemos de estar, oído en tierra escuchando los latidos de su corazón. Éste es el MARCADOR que NUNCA FALLA. Es con el latido con los que nos informan de su estar. ¿Y quién se para a esas minucias?

Hace unos días y hablando precisamente de este libro con una de mis alumnas me recordó una anécdota, una de tantas, sucedida en nuestra clase con una niña que hablaba muy bajo, tan bajo que en el silencio total del aula no escuchábamos nunca lo que decía.

Me contaba Montse, cosa que yo había olvidado, cómo le dije que se fuera alejando para ir intentando levantar la voz hasta acabar diciendo su nombre. Un poco más, su nombre. Otro poco más, su nombre. Más lejos, su nombre de nuevo. Más allá, al final del aula inmersa en un silencio expectante, justo en la esquina de atrás desde donde, levantando por fin la cabeza, dijo alto y claro María Antonia, tomando así posesión del espacio, de sus compañeras y, finalmente, de sí misma, de su valor como persona única en un aula llena de un gran NOSOTRAS pero donde acceder al YO es tan importante.

Ese GRITO que Nadia, por fin, es capaz de EXPRESAR, los adultos lo reinterpretan a su gusto y, demasiadas veces, como rebeldía porque no aciertan a confesarse que lo hacen porque son cómodas para ellos, sean los demás los hermanos, los compañeros, los vecinos y familiares.

Dar VOZ y lugar a un niño es REGALARLE un mundo que ha de empezar a transitar y a comprender.

Como adultos, hemos de ser conscientes de la importancia INSDIVIDUAL que tiene cada uno de nuestros pequeños, del VALOR que tiene para nosotros, COMO ADULTOS RESPONSABLES, saber si los estamos orillando o integrando en la VIDA, en la múltiple asamblea de los DISTINTOS y VALIOSOS que compone este mundo.

No somos los humanos, ninguno, igual a ningún otro y, por eso precisamente, las tres ENES que hay en el título, nos dan asunto para pensar si Nadia es Nadie.

Y si NUNCA no será demasiado tiempo.

Y si NADA no será demasiado poco para TANTÍSIMO como tiene que decir un niño.

Toca pensar y leer entre líneas. Este libro NO es de ésos aunque  a alguien se lo pueda parecer. ¡Ya lo verán!

 

Rosa Serdio
Escritora