Máquinas expendedoras de libros: una peculiar forma de comprar literatura

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  • A principios del siglo XIX surgió una nueva manera de comercializar literatura: las máquinas expendedoras de libros.
  • Este formato de venta fue cogiendo forma a lo largo de los años, hasta que se extendió por Estados Unidos, Europa y Asia.

No hay lector que no lleve a todas horas tras de sí un libro, ya sea en físico o de manera electrónica. En el bolso, en la mochila, en la cartera del trabajo… Hay que ser precavido, quién sabe cuándo vas a poder sacar un rato durante tu día para dedicarlo a la lectura. No hay placer mayor que robarle minutos a la rutina para regalárselos a nuestra gran pasión; sin embargo, olvidadizos que somos, en un descuido podemos dejarnos el preciado volumen en casa… Y entonces, ¿qué? Entonces, las máquinas expendedoras de libros vienen al rescate. Sí, has leído bien: máquinas expendedoras que, en lugar de vender café, refrescos, aperitivos o comida, ponen literatura a disposición del consumidor.

No te suenan, ¿verdad? Es normal, pues no es una práctica muy habitual en España (al menos hoy en día). Por otro lado, si eres un viajero empedernido, lo más probable es que te hayas encontrado con más de una, ya sea en estaciones de metro, aeropuertos o incluso por la calle. Y, cómo no, les has sacado una fotografía y has deseado poder tenerlas también donde vives. Poder comprar libros en cualquier lugar suena a paraíso para cualquier lector. Mientras esperamos a que esta industria explote por fin en nuestro país, te contamos cómo funcionan, su historia y dónde encontrarlas.

¿Cómo funcionan?

Las máquinas expendedoras de libros no difieren en funcionamiento a las de cualquier otro producto. Para obtener el ejemplar basta con introducir la cantidad necesaria en la máquina, pulsar en el teclado el número de la obra que quieres, y esperar a que se deposite en el cajón situado en la parte inferior del aparato.

Suelen tener una capacidad de 20 libros y su precio depende tanto del vendedor como del formato del libro (lógicamente, no va a costar lo mismo una novela en tapa dura que una en tapa blanda o de bolsillo). Los libros disponibles en este tipo de máquinas suelen ser de lo más variado, desde bestsellers a clásicos de la literatura; de este modo se atiende a la necesidad de cualquier tipo de lector.

En función de la empresa que los venda, los ejemplares se cambian cada dos semanas o cada mes. No tendría sentido, desde luego, mantener siempre las mismas opciones, pues cuanta más novedad, más llama la atención del potencial cliente.

Historia de las máquinas expendedoras de libros

Empecemos por el principio. Fue a finales del siglo XIX cuando aparecieron las primeras máquinas expendedoras modernas en Estados Unidos y en Reino Unido, momento en el que pasaron a expandirse a otros rincones del mundo. En cuanto a las dedicadas a la venta de libros, no tardaron mucho en surgir. Sus comienzos los encontramos sobre 1822, cuando Richard Carlile, un editor inglés, tuvo la idea de comercializar literatura de esta forma; no obstante, no se trataba de libros cualquiera, sino de textos prohibidos. Parece ser que, tras pasar varios años en la cárcel por publicarlos, Carlile no se achantó y buscó nuevas maneras de salirse con la suya. Aquella máquina, a la que llamó Invisible Shopman (El Comprador Invisible), no era una máquina expendedora de libros tal y como la concebimos ahora, pero fue la chispa que encendió la mecha.

A partir de que surgiera la primera, fueron comercializándose más a lo largo de la historia. La siguiente máquina expendedora de libros de la que se tiene constancia apareció un siglo después —1937— en Londres. La iniciativa partió de Allen Lane, que la instaló primero en Charing Cross Road (una zona asestada de librerías) con el fin de demostrar que se podía vender cualquier libro en cualquier lugar. Desafortunadamente, su propuesta no tuvo gran éxito. Sobre esas mismas fechas, en Estados Unidos una famosa editorial, cuyos libros fueron muy populares entre los años 20 y los 30, se decidió a vender sus libros a través de la Little Blue Book vending machine. Fue así como, poco a poco, más países se fueron animando a innovar en la industria del libro: Panamá, México, Singapur, Japón, Canadá, Suecia, Holanda… En todos ellos se pueden encontrar máquinas expendedoras de libros, así que ya sabes, si algún día los visitas… ¡Ve en su busca! Aunque probablemente no te cueste cruzarte con alguna, pues suelen instalarse en lugares muy concurridos como estaciones de metro o centros comerciales. Más accesible, imposible.

¿Y en España?

A España también llegaron las máquinas expendedoras de libros, por supuesto… No podíamos ser menos. A principios de los 2000 arrancó el proyecto VendingBooks, invento del empresario español Francisco Valtierra.

Las primeras máquinas fueron instaladas en Madrid en puntos clave como las principales estaciones de tren (Coslada, Príncipe Pío, Aluche, Recoletos o Parla), el intercambiador de autobuses de Moncloa o el centro comercial Príncipe Pío. Poco a poco esta localización fue ampliándose a aeropuertos e incluso hospitales. Tras el éxito de ventas que suscitó la empresa durante su primer año de actividad, las máquinas expendedoras pudieron establecerse en otras ciudades españolas como Barcelona.

Durante años estuvieron activas en estas ciudades pero, a día de hoy, es difícil encontrarse con alguna de ellas. Por alguna razón que desconocemos, la iniciativa no terminó de cuajar en España, mientras que sigue siendo una práctica popular en otros países europeos, americanos o asiáticos.

Quién sabe, tal vez en algún momento resurja este proyecto y podamos disfrutar de los libros allá donde vayamos, ¡incluso en los lugares donde menos lo esperamos!

FUENTE: LETURALIA