• Cuando leemos solemos desarrollar una serie de manías que nos definen como lectores.
  • Algunas de ellas son muy habituales en la comunidad lectora, otras no son tan comunes y pueden llegar a generar debate.

A lo largo de nuestra vida lectora es inevitable adquirir ciertas manías que nos definen: la manera en la que señalamos las frases que nos gustan, cómo marcamos el lugar donde nos quedamos leyendo, la forma en la que decidimos qué libro leer a continuación…

Hablar sobre nuestras costumbres literarias nos permite conectar con otros lectores y, en ciertas ocasiones, son motivo de pequeñas disputas (“¿¡cómo que doblas la esquina de las hojas!?”, “¿cómo es posible que empieces leyendo el final del libro?…). Sea como fuere, algo está claro: compartir nuestras experiencias, sean comunes o no, nos hace sentirnos parte de la comunidad lectora y, por ende, nos enriquece.

¿Quieres saber cuáles son las manías más frecuentes? A continuación te presentamos 10 de ellas, algunas de las cuales estamos seguros que también compartes.

Usar post-it o el subrayado para señalar frases y pasajes

Esta es una práctica habitual entre lectores, aunque son muchos los que creen que hacerlo supone mancillar el ejemplar, que debe permanecer impoluto y libre de ningún tipo de anotación. Para gustos colores, desde luego, aunque es indiscutible que hay cierta magia en coger un libro y ver que ha sido vivido, que la persona ha dejado su huella en él. Saber qué le ha impactado lo suficiente como para marcarlo, leer las citas que ha escogido, imaginar por qué ha decidido señalar una página y no otra… Todo ello son detalles que dicen mucho de quien ha leído el libro. De este modo, usar estas técnicas es beneficioso tanto para la persona que lee —coger una obra y recordar qué fue lo que más te llegó de ella— como para quien se encuentra con el libro ya señalado.

Cuidar el libro como si de un tesoro se tratase

Como ya veníamos comentando, hay lectores que prefieren mantener el ejemplar tal y como les llegó, pues perciben los libros como un objeto sagrado que cuanto menos se perturbe, mejor. Para evitar que sufran ningún daño realizan prácticas como forrarlos —sí, como si de una biblioteca se tratase—, abrirlos lo menos posible al leerlos —cuando son de tapa blanda, es muy fácil que el lomo se resquebraje—, leerlos solo en casa —transportarlos conlleva riesgo a que se deterioren sus páginas—, no comer ni beber mientras leen…

Utilizar cualquier cosa como marcapáginas

Otra manía en la que difieren la mayoría de los lectores es en la forma de señalar por qué página se han quedado leyendo. Algunos son capaces de recordarlo (aunque seguramente se pasen un par de minutos releyendo pasajes para dar con el punto exacto), otros doblan la esquina (¡menuda blasfemia!) y otros sencillamente necesitan de alguna ayuda para retomar la lectura. ¿Qué utilizar pues? Están los clásicos marcapáginas —los hay de todos los tamaños, colores y formas, ¡e incluso personalizados!—, pero también puede resultar útil cualquier cosa que tengamos al alcance: un billete de metro, el ticket de la compra, una servilleta, la etiqueta de una camiseta nueva…

Echar una ojeada en una librería y terminar con un libro bajo el brazo

No hay mayor tentación para un lector que pasearse por una librería sin intención de comprar nada. No hay que engañarse, lo más seguro es que termines adquiriendo un ejemplar (¡o varios!). Siempre habrá una novela que queramos leer, otra que acabemos de descubrir merodeando por los pasillos, esa novedad de nuestro autor favorito que necesitamos en nuestra colección… Es inevitable, rodearnos de literatura supone, si no somos capaces de frenar nuestros impulsos, acabar con un libro más en nuestra estantería.

Comprar un libro y no empezar a leerlo en el momento

En la misma línea que la manía anterior, esta práctica termina aumentando irremediablemente nuestra larga lista de libros pendientes. El momento en el que compras el libro es maravilloso —¡por fin voy a poder leerlo, le tenía muchas ganas!—, pero la realidad al llegar a casa es otra. Lo guardamos junto a otros ejemplares a la espera de ser leído, pero esa situación parece no llegar nunca (primero hay que acabar la novela que teníamos empezada, luego leemos la segunda entrega de la serie que dejamos a mitad, después viene el libro que nos prestaron…). Para evitar que se den estas circunstancias podemos preguntarnos, ¿voy a leerlo ahora? Si la respuesta es no, apúntatelo en una lista para no olvidar que lo quieres, y cuando el momento que puedas leerlo llegue, ¡entonces sí! Hazte con él.

Oler los libros

Pocos lectores hay que no tengan por costumbre acercarse los libros y aspirar su aroma. Pasar las páginas y que nos inunde esa fragancia tan característica es un placer poco comparable a ningún otro. En cuanto a olores, no nos ponemos pejigueros, pues somos capaces de disfrutar tanto el de los libros nuevos como el de libros viejos. ¿Acaso no es un verdadero paraíso llegar a una librería de segunda mano y rodearnos de este característico perfume a libros que ya han sido vividos?

Poner nuestro nombre en la primera página

La razón detrás de esta práctica es muy simple: no perderlo ni que se extravíe. Si eres de los lectores que prestan libros, es muy probable que haya ejemplares que no vuelvas a ver nunca más. Bien porque no recuerdas a quién le has dejado qué libro, o bien porque la persona a quien se lo prestaste no recuerda de quién es. Es aquí donde entra en juego esta peculiar manía: con el nombre escrito en la primera página, no hay riesgo de que esto ocurra. Hay quienes deciden, en lugar de escribir su nombre, hacer uso de un exlibris (un sello personalizado con tu identidad que le da un toque muy especial a los ejemplares de tu biblioteca).

No ser capaces de dejar un capítulo a la mitad

Si algo somos los lectores, eso es cabezones. Si estamos leyendo un capítulo y se nos está haciendo tarde, somos la gran mayoría quienes no podemos parar de leer hasta terminarlo. De ese modo, al día siguiente o cuando retomamos la lectura, comenzamos un nuevo episodio y no tenemos que recapitular ni recordar en qué punto lo dejamos para reengancharnos a la trama. Es por este motivo por el que muchos lectores aborrecen los libros con capítulos extremadamente largos, pues esta manía les impide dejarlos a la mitad o, en caso de ser necesario hacerlo, se sienten incómodos.

El “solo un capítulo más” que termina en una noche en vela

¿A quién queremos engañar? Cuando seguimos leyendo un capítulo más somos tremendamente conscientes de que no será, ni por asomo, el último que leamos. Y claro, las hojas pasan muy rápido frente a nuestros ojos, la trama se va poniendo cada vez más interesante… Cuando queremos darnos cuenta, ya se ha hecho tarde y resulta que nos hemos leído más de la mitad del libro o, con suerte, lo hemos terminado. Este plan suena maravilloso durante el fin de semana, en vacaciones o en días libres, pero cuando al día siguiente tienes que cumplir con tus obligaciones y madrugar… Entonces ya no lo es tanto.

Leer el final del libro antes de comenzarlo

Aunque suene extraño, esta manía es más común de lo que imaginamos. Hay lectores que, para emprender una nueva lectura, han de saber cómo va a terminar a ciencia cierta. También puede ocurrir que comienzan a leer y, a mitad del libro, se ven ante la necesidad de ojear las últimas páginas. En algunas ocasiones, el final de un libro no nos da grandes pistas del desenlace, y solo podemos descubrirlo leyendo. En otras, sí es posible encontrarnos con elementos clave de obra y, al leerlos, nos perdemos el factor sorpresa (es el caso de las novelas negras o los thrillers). ¡Hay manías incomprensibles para quienes no las compartimos!

Y tú, ¿te sientes identificado con estas manías o, por el contrario, tienes alguna que nos hemos dejado en el tintero?

Fuente: LECTURALIA