De entre los variados registros literarios del poeta, ensayista, narrador y crítico literario Toni Montesinos (Barcelona, 1972) destaca un tipo de escritura miscelánea, que integra la crónica cultural, la reseña crítica, el relato viajero, las vivencias cotidianas y la desenfadada expresión de filias y fobias personales. En un estilo incisivo, breve y directo, bajo la alargada sombra de los clásicos moralistas franceses con Montaigne a la cabeza, acaba de publicar “El fragmento honesto. Un diario de pasiones (2009-2021)”, donde recoge textos aparecidos en diversas publicaciones en la década que especifica el título. El resultado de esta selección es un ameno y perspicaz conjunto de textos que se nutren del cine, las artes plásticas, la literatura, la anecdótica de la vida y la experiencia de la realidad. Con estos referentes se construye así una particular narrativa del yo autoral, de distanciada ironía y bienhumorada mordacidad.

Se trata de una prosa ensayística de deliberada levedad, aunque no de menor enjundia en el análisis de la variada temática abordada. Fechados los artículos bajo la figuración del diario personal, se evidencia el paso del tiempo entre lecturas, opiniones y circunstancias, que provocan en el lector una grata complicidad con el escritor, el mutuo reconocimiento en la extrema sensibilidad estética. Penetramos así en tan variados asuntos como una irónica “acusación” a la literatura -en “Odio los libros”-, culpabilizándola de la tiránica obsesión que ejerce sobre sus entregados acólitos; e igualmente asistimos a un emotivo elogio de la profesionalización del escritor en el fragmento “Escribir”. No menor interés registra, en “Autobiografía de la viuda de Norman Mailer”, su rechazo de este novelista, a quien juzga egocéntrico y desmesurado; y en “Mi encuentro con George Steiner” se detalla su (des)encuentro en Barcelona con el mítico intelectual, quien se mostró en esa ocasión distante y poco empático .

En “La paranoia como diario: José Donoso” reseña el libro de memorias de Pilar Donoso, hija del novelista chileno, resaltando el desnortado intimismo y las sorprendentes revelaciones que contienen sus páginas. Y, entre otros temas y recuerdos, destacan reflexiones y aforismos de estoica lucidez: “Paciencia en las adversidades, decía Cervantes. Angustia compartida, angustia adormecida, me digo yo cuatrocientos años después.” O sobre el oficio de escritor: “Escritura: enfermedad de soledad para compartir la soledad, creativa, con la Palabra.” El estilo de estos fragmentos aparece acertadamente descrito por Germán Gullón en su prólogo: “Posee un don verbal único, caracterizado por la variedad léxica y sintáctica, que le sirve para acercarse al mundo y minar esa riqueza que yace en la sombra de lo humano”.

Muy destacable la admiración mostrada aquí hacia actores como Philip Seymour Hoffman o Robin Williams, o por el historietista Carlos Giménez a propósito de sus trabajos sobre la Guerra Civil española y la postguerra (“El cómic, en casos como este, es el primer arte. Sin discusión”); y la sempiterna fascinación por Dickens, Poe o Cortázar; sin olvidar la reseña de libros de amigos en la literatura, como Joan Barril, Javier Ors o José María Conget. A propósito de “Los setenta años del suicidio de Stefan Zweig” se comenta, en emotivo homenaje, la nota final que dejara el escritor antes de acabar con su vida. Todo un mosaico aquí de mantenidas fijaciones literarias, que constituyen también un canon de referencias éticas, patrón de un compromiso civil y profesional de clara excelencia.

Particularmente interesante es también el perfil que asume el autor como paseante cultural, diletante observador de un entorno estético; así, en “Un domingo en la Fundación Miró” comenta, más que la obra del genial pintor, la reacción del público visitante ante la misma: desde distraídos divagantes a colegiales bajo el impuesto trabajo escolar, en un jugoso ejercicio de receptiva contemplación. La fórmula expresiva del diario propicia el mostrar ritmos de vida y preferencias propias que, en referencia a la biblioteca personal, se decantan hacia un criterio selectivamente restrictivo: “Y siempre con la conciencia de aquel gran consejo de Wilde: hay que tener los libros que uno pudiera releer.” Recordando Montesinos la ilusionada publicación de un poemario de juventud, señala: “Tenía veintidós años. ¿Qué fue de mí, o, mejor sería decir, de aquel? No sé si ni siquiera el presente tiene la respuesta a ello.” Algo de esa posible respuesta se encuentra en este libro, perfilada silueta del cuajado escritor actual, que vierte aquí un alma en las palabras generosamente mostrada al lector cómplice, fascinado este por una brillante exhibición de la mejor literatura autorreferencial.

Toni Montesinos: “El fragmento honesto. Un diario de pasiones (2009 – 2021)”. Prensas de la Universidad de Zaragoza. Zaragoza, 2022. 172 págs.

FUENTE: LA RAZON