Se suele decir que una imagen vale más que mil palabras, pero ¿por qué elegir entre una u otra cuando se pueden tener ambas? ¿No será mejor una imagen acompañada de palabras? Eso, precisamente, son los cómics. Si aceptamos que estamos inmersos en una cultura de la imagen, ¿por qué no darles, al fin, a este medio la importancia que se merece? Al fin y al cabo, hay numerosos estudios que defienden los innumerables beneficios que tiene el lenguaje visual de los cómics. Tal vez no sean cómics, sino dibujos animados (aunque también tienen una versión en papel), pero quién se atrevería a afirmar que no se aprendía historia con Érase una vez el hombre o biología con Érase una vez la vida.

A pesar de que poco a poco se han ido liberando del estigma que los marcaba como infantiles, frívolos o simples, todavía queda mucho camino por andar en el uso de los cómics como herramienta pedagógica. En una entrevista a Verne el experto Álvaro Pons decía: «La utilización educativa del cómic es tan amplia como inexplorada. Más allá de los clásicos usos del cómic como iniciación a la lectura, existen aplicaciones directas como material de apoyo y estudio en Historia, Humanidades o Ciencia». En el mundo anglosajón, que nos lleva algo de ventaja en este sentido, hace tiempo que se están dedicando estudios al tema, como por ejemplo With Great Power Comes Great Pedagogy: Teaching, Learning, and Comics, donde se describen diferentes usos pedagógicos del género así como distintas experiencias de aula.

Como la cuestión es tan extensa y compleja que sobrepasa los límites de un simple artículo, simplemente me limitaré a exponer algunos usos concretos de los cómics como herramienta pedagógica, puntuales, sí, pero que muestran su enorme potencial. Vaya por delante que en todo momento me refiero a la lectura de cómics y no a la creación, algo que también daría para hablar largo y tendido. Si alguien conoce alguna recomendación más que merezca estar en esta lista, que me lo haga saber y lo añado.

Fomento de la lectura

Teniendo en cuenta que el amor por la lectura lo descubrí con tebeos de Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Superlópez o Anacleto, tal vez no sea la persona más objetiva para hablar de cómo los cómics fomentan la lectura. Uno de los errores más extendidos es pensar que los cómics son una lectura infantil o elemental, como si leer cualquier título, independientemente de la temática o la edad a la que vayan dirigidos, fuera equivalente a leer, por decir algo, a Geronimo Stilton. El argumento es que la imagen ayuda a facilitar la comprensión del texto, cuando precisamente debería ser al contrario: la unión de texto e imagen configuran un nuevo lenguaje, mucho más rico, complejo, con posibilidades que no podrían tener por separado.

Incluso los grandes maestros del género caen, aunque sea de forma inconsciente, en esta apreciación errónea. En una entrevista Francisco Ibáñez, el padre de Mortadelo y Filemón, comentaba que «el cómic es el primer escalón hacia la gran literatura». Esta afirmación puede parecer una defensa de los cómics pero esconde el prejuicio de situar a los cómics en un escalón por debajo de la literatura. Independientemente de que se dé o no el salto a la literatura tradicional, la que no tiene imágenes, los cómics fomentan la lectura, facilitada, aunque sea en un primer momento y en obras más elementales, por el apoyo de la imagen.

El fomento de la lectura hay que intentar hacerlo lo antes posible. Es positivo que los niños entren en contacto con libros incluso antes de que hayan aprendido a leer. Aquí los cómics son valiosos, porque existen títulos que prescinden por completo del texto y permiten a los niños reconstruir la historia simplemente observando lo que ocurre en las viñetas y enlazándolas. Pero eso no significa que no se puedan usar para fomentar la lectura en colegios o institutos aunque el niño nunca haya tenido contacto con este medio. Lo más importante es encontrar el libro adecuado, que se adapte a la edad y a los intereses de la persona a la que queramos enganchar a la lectura (también hay que evitar que sientan que estamos intentando que lean algo demasiado infantil). En Club Peques Lectores se hace una selección muy interesante de cómics para los más pequeños, en diferentes categorías, desde más de tres años hasta más de ocho años. Muchas de las propuestas están serializadas, lo que supone una motivación extra, ya que si consiguen despertar el interés el niño querrá seguir leyendo aventuras de los personajes que le han enganchado.

Lengua y literatura

Esta es la materia con la que parece que los cómics se encuentran más vinculados, aunque hay que empezar recordando que el fomento de la lectura no es una labor exclusiva de este ámbito. La relación entre cómics y literatura viene de muy atrás y puede volverse tremendamente compleja. Un ejemplo incipiente lo encontramos en 1975 de la mano nada más y nada menos que de Julio Cortázar. Se trata del curioso experimento Fantomas contra los vampiros multinacionales. Otro ejemplo más moderno sería la segunda parte de El club de la lucha. Su autor, Chuck Palahniuk decidió que la segunda entrega del libro que le lanzó a la fama tendría la forma de novela gráfica. En ella, Palahniuk ejerce de guionista, pero el dibujo corre a cargo de otra persona. Lo que demuestran estas obras, y muchas más que se podrían mencionar, es que la supuesta separación entre cómics y literatura no es tan tajante como se podría pensar.

Dicho esto, si entendemos los cómics como un acto de comunicación, desde un punto de vista semiótico, no solo se podría analizar el lenguaje como instrumento comunicativo sino también la imagen y todos los elementos que entrelazan ambos ámbitos, como pueden ser los bocadillos. Entendido en su globalidad, una novela gráfica daría para desarrollar conceptos como el del lenguaje no verbal, variedades lingüísticas, registros, adecuación, elementos de la comunicación, etc. Pero es que si entendemos esa misma novela gráfica como una narración, se ponen sobre la mesa todos esos componentes que unen a la literatura con cualquier disciplina que narre una historia, como el cine o los videojuegos. No nos dejemos llevar por la supuesta comodidad comunicativa de las imágenes (digo supuesta porque muchas veces son más difíciles de interpretar que un texto), elementos como narrador, personajes, espacio o tiempo pueden ser infinitamente más complejos en una novela gráfica que en una que tenga solo palabras.

Por otra parte, los vínculos con la literatura se han puesto claramente de manifiesto en los últimos años. Hay dos tipos de novelas gráficas que se relacionan directamente con la literatura: las versiones o adaptaciones de obras literarias y las que desarrollan biografías de escritores. En 2013 escribí un artículo sobre escritores que se convertían en personajes de cómic. En aquel momento, tratando de recoger todo lo que yo conocía, mencionaba once obras. Desde entonces ha habido tal proliferación de obras de este temática que ya no es posible mencionar todo lo que existe. Para hacerse una idea, de Federico García Lorca había entonces una novela gráfica y en este tiempo se han publicado cinco novelas más. Y con respecto a las adaptaciones de obras literarias, se han hecho como tres o cuatro veces más. No es algo precisamente nuevo. Entre 1982 y 1986 la Editorial Larousse lanzó una colección de adaptaciones titulada Maravillas de la Literatura, con dibujo a cargo de Chiqui de la Fuente. Una colección más actual, que puede ser interesante para alumnos interesados en el manga, es la de la editorial Herder, que adapta a este tipo de formato una gran cantidad de obras clásicas.

Dejo pendiente otro artículo en el que intente desarrollar más este tema. Mientras tanto, dejo aquí un par de listas que he elaborado, la primera con novelas gráficas protagonizadas por escritores y la segunda con novelas gráficas que versionan obras literarias. Es evidente que leer la novela gráfica de una obra no es leer la obra original, como tampoco lo es leer una adaptación juvenil, pero ese es un debate para otro momento.

Inglés

Para alguien que esté aprendiendo inglés, un texto en prosa puede ser algo realmente abrumador, como un muro de palabras imposible de franquear. Los cómics, sin embargo, pueden convertirse en un salvoconducto que nos permita acceder a la comprensión del texto. La clave está en dividir ese muro en fragmentos mucho más pequeños y más manejables, y apoyar su comprensión en imágenes. La conexión entre estas y las palabras puede ayudar a ampliar el vocabulario con más rapidez.

Una crítica dirigida a esta herramienta es que el nivel de lectura que genera es demasiado bajo. Pero resulta que esto no es cierto. Según el especialista en lectura en voz alta Jim Trelease, para convertirse en lectores competentes, las personas deben dominar un conjunto de aproximadamente unas 5.000 palabras más raras o que aparecen con menor frecuencia en una conversación. Según un estudio realizado por Hayes y Athens, en las novelas para adultos estas palabras aparecen, de media, unas 52 veces por cada 1.000 palabras, mientras que en los libros de cómics aparecen 53 veces por cada 1.000 palabras. En consecuencia, los cómics no reducen la adquisición de vocabulario en los lectores jóvenes, pero sí brindan apoyo gráfico, historias rápidas y atractivas, al tener menos texto. Es decir, que pueden ser tan desafiantes como una novela en prosa en términos de nivel y habilidad de lectura, pero, puesto que están divididos en partes, son mucho más accesibles para los lectores reacios y los estudiantes que aprenden inglés.

Recuerdo que mi primer encuentro con el inglés fue a través de cómics de Tintín. No recuerdo bien las historias, pero sí que estaban enfocados al aprendizaje, con vocabulario y construcciones gramaticales que iban aumentando de dificultad. También recuerdo que cada página terminaba con un glosario en el que aparecían todas las palabras nuevas. O hacía el esfuerzo de consultar ese glosario o no me enteraba de lo que estaba pasando. Como en el fomento de la lectura, aquí lo importante es que la historia sea atractiva y que esté enfocada a la edad y al nivel lingüístico. En FluentU hay una lista de quince cómics para aprender inglés, ordenados por nivel. Por supuesto están presentes las tiras cómicas cortas, que concluyen una historia en dos o tres viñetas, como Calvin and Hobbes, Garfield o Peanuts (cuidado con esto porque este tipo de tiras también es muy habitual en lecturas más adultas y se corre el riesgo de que los lectores no comprendan los chistes). Otra opción es usar webcomics, que permiten leer con facilidad y gratuitamente una gran cantidad de material. Plataformas interesantes son Read Comics OnlineComixology o Webtoons.

Historia

Si hay una materia que se preste más al trabajo con cómics y donde más se hayan desarrollado experiencias, esa es la historia. A poco que se busque, hay infinidad de recomendaciones de novelas gráficas de temática histórica. En Academiaplay, por ejemplo, recomiendan 21 cómics para aprender historia y en Xataka 30. Aunque los mejores trabajos, por ser páginas específicas, son Historia y Cómics y Tbo en clase. Lo habitual es encontrar un batiburrillo de propuestas y, si tienes suerte, tal vez entre ellas encuentres una con una temática que te interese. Lo bueno de estas dos páginas es que organizan las novelas gráficas por periodos históricos e incluso, en el caso de la primera, la divide en Historia de España e Historia Universal. Además cuenta con un apartado de propuestas y materiales didácticos que también pueden resultar muy útiles.

Historia del arte

Son también muchas las novelas gráficas que desarrollan una temática relacionada con el arte, ya sea porque sus protagonistas son artistas u obras de arte o porque dan pie a reflexionar sobre esta disciplina. Por supuesto, hay que empezar mencionando la colección de Glénat Grandes pintores, que por el momento lleva veinte entregas (es decir, veinte pintores). Otras editoriales se han decidido a publicar libros protagonizados por pintores como Goya, Gauguin, Van Gogh, Rembrandt, Picasso, Monet, Modigliani, da Vinci o Munch. Menos habituales son las novelas centradas en obras concretas, pero también existen, como El Angelus de Giroud y Homs o Las Meninas de Santiago García y Javier Olivares. Por último, hay que mencionar libros dedicados a museos o al arte en general. En este apartado son destacables El cielo sobre el Louvre de Yslaire, El Perro Bizco de Etienne Davodeau, En las horas impares de Eric Liberge, Los sótanos del museo de Marc Antoine Mathieu y La teoría del arte versus la señora Goldgruber de Nicolas Mahler.

Una lista sobre cómics de temática relacionada con el mundo del arte no estaría completa sin mencionar a Pedro Cifuentes. Este profesor de Secundaria que desarrolla su labor en Valencia no solo ha destacado por el uso de los cómics en el aula como herramienta pedagógica, lo que le ha valido reconocimientos como el Premio Nacional de Educación para el Desarrollo en 2010, el Premio Materiales Didácticos Comunitat Valenciana en 2011, o el Premio al Profesor Destacado de la Generalitat Valenciana en 2019, sino que también destaca en la labor de dibujante y de creador de cómics de carácter educativo. En concreto, el campo en el que Cifuentes dibuja es la historia del arte. Comenzó su proyecto de dibujar toda la historia del arte en varios volúmenes con una campaña de crowdfunding que fue un absoluto éxito, tanto, que la editorial de temática histórica Desperta Ferro le abrió las puertas para que volviera a publicar ese primer volumen y el resto de la colección. Por el momento hay dos: Historia del arte en cómic. El mundo clásico Historia del arte en cómic. La Edad Media. La colección promete seguir creciendo hasta llegar a la época actual. Lo mejor es que aunque estamos hablando de un material muy enfocado hacia la enseñanza, por algo está creado por un profesor de secundaria, también puede disfrutarlo toda clase de público que quiera aprender más sobre el tema.

Filosofía

A pesar de ser una materia más abstracta, en los últimos años la filosofía ha demostrado ser un caldo de cultivo más que adecuado para el mundo del cómic. Algunas de esos libros los hemos reseñado en La piedra de Sísifo. Para los más principiantes, Filosofía en viñetas, de Michael F. Patton y Kevin Cannon, explica algunos de los conceptos más básicos de la historia de la filosofía, de una manera atractiva para los más jóvenes, planteado como un viaje en río. Algo un poco más avanzado, pero tampoco demasiado, es Cómics existenciales, de Corey Mohler. Este libro, que nació como un webcomic que tuvo bastante éxito, tiene la ventaja de estar compuesto por historias cortas, normalmente de una página, que mezcla filósofos de forma bastante disparatada, aunque tiene la particularidad de que el eje vertebrador es el humor. Una pena que Action Philosophers, de Fred Van Lente y Ryan Dunlavey, que va en la misma línea, no esté traducido al español.

Otra colección que puede ser interesante, porque tiene viñetas bastante amplias, con muy poco texto, es Filosofía para profanos, de Max, que hace una selección de filósofos bastante libre. También hay que mencionar las versiones manga de Herder que, aunque estén más enfocadas a adaptaciones de obras literarias, también versiona algunos libros filosóficos, como El Anticristo o El capital. Además, Herder tiene otra colección titulada la otra h, que también trata el tema de la filosofía. Por último, otra opción para profundizar en determinados filósofos puede ser leer novelas gráficas que desarrollan sus biografías, como Epicuro el sabio de William Messner-Loebs y Sam Kieth, Nietzsche de Onfray y Le Roy, Camus de José Lenzini y Laurent Gnoni o Sartre de Mathilde Ramadier.

No puedo dejar de mencionar dos cómics de contenido filosófico bastante originales: Sócrates de Joans Sfar y Christophe Blain y Logicomix de Apostolos Doxiadis y Christos H. Papadimitriou.

Ciencias

Reconozco que soy un profano en este ámbito, pero no quería dejar de compartir lo poco que sé, así que, antes que nada, pido disculpas por unir disciplinas tan distintas bajo la etiqueta de «Ciencias». Con esa concepción más amplia, un libro alucinante y bellísimo es La línea del tiempo: Ciencia y Tecnología, de Peter Goes, que recoge los descubrimientos científicos más importantes de la historia, desde la Edad de Piedra hasta la actualidad (cuidado, porque este libro es más de ilustraciones que un cómic).

Dicho esto, un acercamiento general, se puede hacer a través de sus protagonistas. Al igual que al estudiar literatura se puede poner en el punto de mira a escritores o al hacerlo con historia del arte a pintores, también hay cómics dedicados a científicos. Destaca sobre todo la Colección de Científicos dibujada por Jordi Bayarri, que aunque es muy atractiva tiene el inconveniente de estar enfocado a menor edad. No es la única propuesta, desde luego. Los autores Jim Ottaviani y Leland Myrick versionan al cómic la vida de Stephen Hawking. Una versión algo más sintética, porque recoge a científicos y sus descubrimientos desde la antigua Grecia hasta la actualidad, sería El planeta de las ciencias: Enciclopedia universal de los científicos, de Antonio Fischetti y Guillaume Bouzard. En este caso, cada científico se despacha con una página de texto y a continuación una página con viñetas.

En biología hay opciones muy interesantes. Especialmente conocido dentro de la divulgación científica en cómics es Maris Wicks. Tiene tres libros publicados en Estados Unidos aunque en España, que yo sepa, solo se ha publicado uno, que es El teatro del cuerpo humano, que es una curiosa mezcla entre Érase una vez la vida y Hora de aventuras o cualquier dibujo animado de Cartoon Network. Además cuenta con un webcómic que, al estar en inglés, puede servir también para practicar el idioma. Centrado en el funcionamiento del cerebro, un libro precioso es Neurocómic de Matteo Farinella y Hana Roš. Una extravagancia que sus creadores describen como una aventura de ciencia ficción con un fuerte componente biológico es The OOBIK, de Carlos Romá-Mateo y Gerardo Sanz, un cómic publicado por la revista Principia.

En física, los cómics logran poner al alcance de cualquiera conceptos tan complejos como la teoría de la relatividad y la física cuántica. Los libros que hay que conocer son Cuántix: La física cuántica y la relatividad en cómic de Laurent Schafer e Isabel Soto y El misterio del mundo cuántico de Thibault Damour y Mathieu Burniat.

Pero es que ni siquiera las matemáticas, que son pura abstracción, pueden resistirse al cómic, demostrando que este todoterreno puede con cualquier cosa que le pongan por delante. Eso es precisamente lo que consigue La estadística en cómic de Larry Gonick y Woollcott Smith. Creo que el título es lo suficientemente esclarecedor.

Educación en valores

Lejos ha quedado la época en la que se consideraba que los cómics corrompían la moral de los jóvenes y, más bien al contrario, han empezado a verse como una poderosa herramienta para desarrollar la empatía. Precisamente los cómics que más se atacaron entonces, los de los superhéroes, son hoy en día de los que menos cuestionaríamos la hora de tratar la educación en valores. ¿Quién pondría en duda que superhéroes como Supermán o Spiderman no tienen un sólido sistema de de valores. Pero es que incluso cuando nos encontramos con superhéroes con una concepción moral más dudosa, que por supuesto los hay, eso puede darnos pie a interesantes debates. Una novela gráfica de la Patrulla-X, por ejemplo, permitiría reflexionar sobre la xenofobia y el odio a los que son distintos, así como sobre el poder. Por supuesto, eso no significa que este tipo de cómics no haya sufrido una evolución con el tiempo, hasta convertirse en un producto mucho más valioso para la educación en valores. Por ejemplo, durante décadas se mantuvo fuera de estos cómics a los personajes que mostraban tipos de sexualidad diferente a la convencional. Por suerte, ese tipo de personajes está cada vez más presente. Del mismo modo, se están dando pasos más que considerables en la representación de la discapacidad.

No hay una temática o un tipo de cómic en concreto que sirva para trabajar la educación en valores. Lo que está claro es que los temas más serios o espinosos pueden convertirse en novela gráfica, desde los horrores del holocausto nazi en Maus de Art Spiegelman hasta la concienciación la existencia del SIDA en Píldoras azules de Frederik Peeters. Especialmente bien suelen funcionar las historias protagonizadas por adolescentes, que presentan problemas y conflictos muy cercanos a su realidad. Una recomendación dentro de esta temática podría ser El fantasma de Anya de Vera Brosgol. Y, en el extremo completamente opuesto a su realidad, la ciencia ficción nos lleva al extremo de cuestionarnos como especie, la relación con el entorno o el imparable desarrollo de la tecnología. Entre los muchísimos títulos que se podrían proponer, una buena opción es Las Almóndigas del Espacio de Craig Thompson.

Para terminar, la lista de recomendaciones puede ser interminable, en las fronteras entre el cómic y el ensayo, se podría mencionar Queer. Una historia gráfica, de Meg-John Barker y Julia Scheele, que enseña que hay concepciones sexuales distintas a las que tradicionalmente se consideran.

FUENTE: LA PIEDRA DE SÍSIFO