Jornada inolvidable con Mary Beard y Richard Ford

La librería Cervantes vivió el 20 de octubre una gran fiesta literaria durante toda la jornada. La visita de Mary Beard y Richard Ford, distinguidos con los Premios Princesa de Asturias de Ciencias Sociales y de Literatura, respectivamente, culminaron un día inolvidable para todos los que formamos parte de la gran familia Cervantes.

Unos minutos antes de las 10 de la mañana, la hora fijada, llegó Mary Beard. Sonriente, amable y cariñosa, nos conquistó a todos desde el primer momento. Allí les esperaban desde las nueve y media un grupo de lectores, a los que fueron añadiéndose más, que esperaron pacientemente su turno para acercarse a la historiadora británica.

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Beard firmó libros, bromeó, sonrió, y “chapurreó” palabras en español, ante la mirada entre atónita y complacida de todos los que le rodeábamos.

Fue maravilloso comprobar la admiración que la flamante Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales suscita entre el público. Su naturalidad y cercanía aumentan, aún más, esta fascinación que pudimos comprobar de primera mano.

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Llegó la hora de partir para cumplir el resto de compromisos. Se despidió de todos los presentes, de nuevo con una calidez que sólo poseen los grandes. Esos que son conscientes de que sin lectores sus pensamientos y obras quedarían por el camino.

Saboreando aún las buenas sensaciones transmitidas por Beard, apareció por las puertas de Cervantes otro grande: Richard Ford. También se adelantó a la hora prevista unos diez minutos. Y también casi una hora antes, le esperaban los primeros. Se respiraba cierta impaciencia. Cierto nerviosismo.

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El escritor norteamericano no defraudó en su trato, tal y como todo el mundo comentaba desde que pisó tierras asturianas. Muy al contrario.

Se sentó en nuestro Foro Abierto y firmó, y firmó,… Sus ojos azules alternaban entre libros y lectores emocionados, que esperaron su turno y volvieron a hacer cola para una segunda ronda.

Los minutos, ya se sabe, corren más deprisa de lo que uno quiere. Así es que cuando se acercaba el final de su visita, aún eran unos cuantos los que esperaban turno. Con su mirada al frente, apuntó que nadie se iría sin su firma estampada en los libros. Ello supuso unos minutos más junto a este grande de la literatura, también cariñoso y cercano.

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Y volvió a llegar el momento de decir “hasta pronto”. Allí lo vimos irse, subirse al coche oficial y partir a su siguiente compromiso. Agradecido él. Agradecidos todos los presentes. Y Cervantes aumentó, aún más, su calor literario.

¡Gracias a todos lo que hicieron posible estos dos encuentros! A la Fundación Princesa de Asturias, a las editoriales, a Mary Beard y Richard Ford y, por supuesto, a todos los lectores que nos acompañaron e hicieron aún más grande este día.