• Llega a España la novela gráfica de Laurie Halse Anderson y Emily Carroll, un prodigio de sensibilidad artística y madurez temática en torno al abuso sexual
  • Cuéntalo  narra la historia de Melinda, una adolescente que empieza curso en un instituto nuevo incapaz de comunicarse con los demás debido a un suceso ocurrido en verano

“Escribí la versión original de Cuéntalo a finales de los noventa, antes de Internet, los teléfonos móviles y el impresionante fenómeno de las novelas gráficas”, cuenta Laurie Halse Anderson. “Lo escribí para combatir la depresión y la ansiedad que me perseguían desde que fui violada a los trece años”.

La autora explica sin rodeos su experiencia en el prólogo de la edición de este cómic, que llega a nuestro país de la mano de La Cúpula. La historia de Melinda es la suya y el proceso de escribir la ayudó a afrontar lo que vivió el primer curso de instituto.”Nunca soñé con que el libro pudiera ser publicado. No podía imaginar que alguien quisiera leerlo, compartirlo con amigos, utilizarlo en una clase o convertirlo en una película. Pero aquí estamos”.

La novela de Cuéntalo ( Speak) se publicó en Estados Unidos en 1999. Fue un fenómeno editorial casi de inmediato. Finalista del National Book Award y uno de los mejores best-seller del año según el New York Times. En 2004, Jessica Sharzer lo convirtió en una película protagonizada por Kristen Stewart. La adaptación audiovisual sigue inédita en nuestro país, y el libro se publicó en 2002 sin la repercusión que tuvo en otros países. Sin embargo, ahora nos llega una novela gráfica escrita por Anderson y dibujada con Emily Carroll que no sólo reivindica el relato original, sino que lo hace grande a través del medio.

Viñeta de 'Cuéntalo'. La Cúpula.
‘Cuéntalo’ de Laurie Halse Anderson y Emily Carroll. La cúpula.

Un relato adolescente de plena vigencia

Melinda es nueva en el instituto Merryweather. También es el primer año de Heather, una joven con quien se suele quedar para hacer los deberes. Un día, ambas están decorando un aula cuando entran dos chicas populares del instituto. Entonces Heather despide a su ‘amiga’ apresuradamente y la saca de la estancia a empujones. Melinda camina triste hacia el baño y allí se alivia lavándose la cara. Pero cuando se pasa la toalla para secarse, en el reflejo del espejo su rostro ha perdido los ojos, la nariz, la boca. No es nadie.

Bien pronto entendemos hasta qué punto la ilustración de Emily Carroll se entiende y dialoga con el texto de Laurie Halse Anderson. Cuéntalo  no es una novela gráfica de mensaje moralizante para adolescentes sin más.

En sus primeros capítulos, la historia de Melinda parece ser la de la adolescenteoutsider  que debe luchar contra el bullying  y la exclusión en un ambiente hostil como el de un instituto. Sin embargo, a poco que conozcamos su situación, la narración ya nos habrá tendido una trampa. Nos adentrará paulatinamente en la psique de una persona que sufre depresión, y se siente sin fuerzas para superar un suceso traumático que le sucedió antes de que la conozcamos como lectores.

Carroll, en calidad de ilustradora, asimila con habilidad y una sensibilidad extraordinaria las sensaciones de la protagonista de Cuéntalo. Las traslada al terreno de la viñeta jugando constantemente con conceptos metafóricos presentes en el texto de Laurie Halse Anderson. Y lo hace con una pericia que, en ocasiones, revaloriza el valor de la voz narrativa, pero en otras funcionan como reinterpretación radical de la misma.

Cuéntalo se significa abiertamente como relato adolescente cercano al coming of age clásico pero político. No obstante, su condición de lectura recomendable en institutos no juega, en ningún momento, en contra de su valor como lectura estimulante. Más bien al contrario. Su mirada la sitúa entre la sensibilidad de Aquel verano  de Jillian y Mariko Tamaki, la voluntad empoderadora de  En la vida real  de Cory Doctorow y Jen Wang, y la inteligenica emocional de la la celebradísima Piruetas de Tillie Walden. Todas ellas, obras realizadas por autoras jóvenes comprometidas con una generación que tiene la responsabilidad de afrontar ciertos conflictos de una forma distinta: feminista, empática y con la mirada puesta en el eco social que puede tener una adolescencia traumática.

Viñeta de 'Cuéntalo'. La Cúpula.
‘Cuéntalo’ de Laurie Halse Anderson y Emily Carroll. La cúpula.

Dibujos contra el miedo

El propio título en castellano de la obra de Anderson y Carroll alude a la necesidad de poner sobre la mesa el tratamiento que los abusos sexuales tienen en la ficción. La historia de Melinda es la historia de una joven violada a los trece años, cuyo trauma la impide siquiera hablar. Su incapacidad y falta de conocimiento en materia de violencia machista, así como su escasez de herramientas de apoyo y red de asistencia, hablan de una generación imbuida por una cultura de la violación que, a la hora de la verdad, no sabe gestionar ni la condena al violador ni el apoyo a la víctima.

De hecho,  #Cuéntalo fue un hashtag utilizado durante meses tras darse a conocer la sentencia de La Manada. Una herramienta de visibilización y expresión que ayudó a multitud de mujeres a hablar abiertamente sobre la violencia sexual que muchas habían sufrido en primera persona.

En este mismo sentido, el discurso de la novela gráfica que nos ocupa va más allá de señalar la estructura que sostiene y perpetua el conflicto: ofrece vías de expresión y herramientas de empoderamiento para la víctima.

Además de incluir, como apunte posterior a la lectura, un listado de organizaciones que prestan apoyo y servicio a las víctimas de violencia sexual,Cuéntalo  reflexiona en el plano narrativo sobre las capacidades de una joven sin recursos para enfrentar el trauma posterior a la agresión.

A principios del curso, su profesor de arte impone a Melinda la tarea de tratar un concepto a través de diferentes disciplinas artísticas. La idea que le ha tocado por sorteo es, simplemente, la palabra ‘árbol’. Pero a lo largo del relato veremos como su insistencia reflexionando y dibujando el significado del término la lleva a experimentar una liberación que la ayuda a comprender lo que le pasó. Y gracias a dicha tarea, conoce y entabla amistad con una joven que enfrenta sus miedos a través de la pintura. Y que será la persona que la convencerá de que debe hablar de su caso.

Así, más allá de significarse como una denuncia, la novela gráfica de Anderson y Carroll maneja con habilidad dos subtextos poderosísimos: la capacidad cicatrizante del arte y la necesidad ubicua de sororidad.