Bécquer en el recuerdo

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Tal día como hoy, 17 de febrero, nació Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida, más conocido como Gustavo Adolfo Bécquer.

Fue en Sevilla, en 1836, y pese a morir joven, a los 34 años, nos ha dejado algunos de los textos más hermosos de la literatura de todos los tiempos.

Descendiente de nobles holandeses afincados en Sevilla, su padre y un hermano destacaron como pintores del costumbrismo sevillano.

También él intentó seguir sus pasos en este arte, pero la literatura acabó imponiéndose en el joven Gustavo, que al quedarse huérfano, se traslada a Madrid.

Su amor por la literatura le lleva a la pobreza. Para subsistir colabora en periódicos de poca categoría. Pero ello fue lo que le abrió las puertas: en “El Contemporáneo” publicó crónicas sociales, algunas de sus Leyendas y los ensayos costumbristas Cartas desde mi celda y, gracias a ello, consiguió un cargo muy bien pagado, censor oficial de novelas.

Hacia 1867 escribió sus famosas Rimas y la Revolución de 1868 hizo que se perdiera el manuscrito y el poeta tuvo que preparar otro.

Ellas reflejan una especie de historia de amor en la que se ve como el poeta va pasando por el proceso creador, el amor esperanzado, el desengaño y el dolor o la muerte.

Gustavo Adolfo Bécquer falleció el 22 de diciembre de 1870 a causa de tuberculosis agravada por una profunda depresión. Él encarna el Romanticismo en estado puro, pese a que en vida disfrutó poco de los éxitos, pero tras su muerte, en Madrid, y tras la publicación del conjunto de sus escritos, obtuvo el prestigio que hoy se le reconoce.

Se sabe que fue un hombre de múltiples contradicciones y ello se refleja en sus escritos en los que queda patente el esfuerzo por encontrar, a través de la palabra, la síntesis de un universo dividido entre el sueño y la razón.

Y también se sabe de su amor por la lírica. Así lo dejó escrito: “Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”.