Los libreros en Francia o España alzan la voz contra la plataforma, que empieza a situar sus libros autoeditados en las finales de premios de prestigio, como ha ocurrido con el Renaudot

El premio Renaudot, que se falla el próximo miércoles, es uno de los más prestigiosos de las letras francesas junto al Goncourt y tiene entre sus premiados a escritores de la talla de Louis-Ferdinand Céline, Georges Perec o Emmanuel Carrère. Sin embargo, no ha sido eso de lo que se ha hablado en los últimos días sino de la polémica sobre qué hacer Amazon y su labor como editor. Hace unas semanas entre la terna de finalistas de este año el jurado eligió una obra autopublicada en la plataforma Createspace de Amazon. Era la primera vez que sucedía y, aunque Bande de Français, de Marco Koskas, no pasó de las primeras rondas, los libreros franceses no tardaron en dar la voz de alarma, ya que al ser publicada en esta plataforma sólo puede distribuirse a través del canal de la empresa de Jeff Bezos. “Amazon mata el libro como enlace social”, se quejaron las asociaciones de libreros independientes.

En España no son habituales los galardones a obras ya publicadas, como sucede en el Renaudot y el Goncourt. A excepción de algunos premios como los nacionales (Narrativa, Ensayo, Poesía) o el de la Crítica en su mayoría son otorgados por las propias editoriales a un libro inédito, por lo que según sostienen los editores consultados por EL PAÍS sería muy complicado que sucediera lo mismo. “Es una situación muy distinta debido a la situación de España”, asegura Silvia Sesé, editora de Anagrama. “Los libros autopublicados son igual de libros que los libros de una editorial tradicional, y te diría más: los libros autopublicados exclusivamente en formato digital también son igual de libros que los tradicionales, y es en ese sentido en el que te diría que tampoco creo que debieran participar en premios destinados a obra inédita”, añade, por su parte, Claudio López de Lamadrid, editor en Penguin Random House.

Es más, otros como Enrique Redel, de Impedimenta ven casi como una labor imposible que un autopublicado pueda llegar incluso a una terna de finalistas de libros ya conocidos por los lectores: “Si obligamos a los jurados de los premios a tener que leerse también todo lo que la gente se publica, sin que muchas veces exista un verdadero valor literario detrás, su labor nunca acabaría. Lo veo como algo puntual”.

Desconfianza entre los libreros

No obstante, los libreros no se muestran tan confiados y observan con ciertas reservas que un libro autopublicado en Amazon ya haya llegado a ser finalista de un premio tan importante. Juancho Pons, presidente del Gremio de Libreros (CEGAL), coincide con sus colegas franceses en que si algún día llegara a ganar un libro no editado de forma tradicional, “no sería bueno para el sector”. Como contrapunto pone los premios concedidos a obras publicadas en editoriales tradicionales, ya que “ favorecen a todo el canal, que vuelve a mover el libro. Es como cuando le dan un Goya a una película, que vuelve a las salas”.

Esta controversia recuerda a lo que ya ocurrió no hace demasiado tiempo con Netflix y el sector del cine. Fueron muchos los que no vieron con buenos ojos que películas producidas por esta plataforma pudieran conseguir un galardón en un festival y que después sólo pudiera verse en la propia plataforma. “Ya, yo sé que habrá mucha gente que diga que somos unos reaccionarios y viejunos, pero es que si se da un premio a un libro y ninguna librería puede venderlo… Los premios sirven para ensalzar lo bueno del libro y mejorar las ventas, le estás dando una segunda vida, pero si solo lo mueve Amazon…”, argumenta Pons.

Desde hace años, los libreros ya venden libros digitales y en papel de forma online. Pero si antes la batalla se encontraba en la venta de libros, muchos de ellos ya ven las orejas al lobo de Amazon en su papel como editor. Recientemente, otro caso ha levantado las suspicacias en el gremio. Los derechos de edición de la novela de Dolores Redondo, Todo esto te daré, que obtuvo el premio Planeta en 2016, fueron vendidos a Amazon Publishing en Reino Unido, por lo que desde este mes de septiembre este es el único canal que vende el libro. “Es un movimiento que está empezando, pero imaginemos que, por ejemplo, los derechos de un autor como Stephen King se vendieran a Amazon como editor y su obra sólo se vendiera a través de este operador”, resume Pons.

Los libreros no se sienten preocupados. Consideran que si un libro es bueno deberá poder premiarse, haya sido publicado en la plataforma que sea. Pero sí señalan que “no nos gusta que se mire el cortoplacismo. Cuando dentro de unos años se hayan cargado una serie de librerías que no nos vengan a buscar”, zanja Pons

FUENTE: EL PAIS